Cielo e Infierno a bordo de las “Hormonas”

Estoy llegando a la mitad del centenario, en días cumplo 50 años, y en cinco décadas o diez lustros, siempre escuché que las hormonas tenían la culpa de todo.

Cuando era chica, mi cuerpo se empezaba a quejar, y eran las hormonas. Comencé a menstruar, obvio, las hormonas. Mi rebeldía adolescente correspondía a una revolución hormonal, los cambios de humor se debían a ellas.

Muchos hombres cuando nosotras no estamos de buen humor, preguntan: ¿te vino? refiriéndose a la menstruación, porque obvio la culpa de todo la tienen las hormonas. Cuando me embaracé me decían que estaba muy “hormonal”. Cuando amamanté me subía un calor tremendo, decían que por “las hormonas”, y ahora llegando a mi menopausia, mis malestares son a causa de “las hormonas”.

Las grandes protagonistas de ésta vida son ellas, ¿o nadie recuerda lo que pasa cuando alguien nos gusta?

Hace un par de años que mis hormonas me muestran solo la parte fea de ellas, pero ayer se despertó “la hormona” ¿por qué “la hormona”? Cuando empezamos a caminar con ellas, hasta los 25 años, son “LAS HORMONAS” con mayúscula. Después de los 25 hasta los 45 podemos hablar de “un conjunto de hormonas”, después de los 45 hasta la menopausia o la andropausia es “la hormona”, para llegar a hermosos recuerdos de juventud en la última etapa.

Les contaba que mi hormona ayer se quejó, o mejor dicho me recordó que vivía, cuando al encontrarme con un antiguo amor, al sentir una caricia y que me llamaran “chiquita” con esa voz soñada se disparó por todo mi cuerpo arrancándome una bella sonrisa que me dura aún.

Creo que deberíamos amigarnos con nuestras hormonas. Ellas siempre son las protagonistas de los mejores momentos de nuestras vidas, y de algunos amargos también, pero si nos sentamos a pensar en lo que sentimos en esos momentos inolvidables, ahí siempre estaban, para disfrutar de ese momento de película que vivimos con los grandes amores que tuvimos, momentos que quedaron para siempre en una imagen, un aroma, un sonido o simplemente un susurro.

Muchas gracias mi querida hormona, a partir de hoy voy a valorar tu presencia y cuando te quejes voy a cuidarte, en agradecimiento de las bellas historias de amor que guardaste en mi corazón.

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