Gris de ausencia

Desde la oscura monotonía de su realidad, se sentó a recordar su vida pasada. Sintió como si estuviera mirando una novela que había sido leída y releída centenares de veces, pero por primera vez sintió todo lejos de sí, ya ni siquiera los recuerdos le pertenecían.

Las obligaciones le hicieron perder la esperanza de que el cielo se abra, y que reciba una caricia, un te amo. Los ayes de amor ya estaban fuera de su alcance, se sentía vieja, fea y tristemente infeliz.

Dicen que todo lo que nos sucede pasa por nuestra mente. Ella intentaba poner “buena vibra”, como le decía Javier, ese amigo que amaba, que acabó muriendo a los 33 años de una absurda neumonía. No sabía hacia donde iba, porque la “buena vibra” estaba siendo total y absolutamente actuada, pero como nunca fue una gran actriz, ni ella se lo creyó.

Se sentó frente a su computadora, y eligió ordenar sus obligaciones, esas que hoy por hoy aborrece, pero son las que la mantienen viva.

Rutina, hastío, gris, ausencia… toda ese espiral descendente no vino de la nada, fue por su aparición, el la arrastró hasta ahí, y la dejó sola… una vez más.

Se dio cuenta de que a pesar de que creía que caminaba sola, siempre estuvo él, su sombra, su voz sus palabras, pero nunca la soltó. Ahora la dejó en el peor lugar, donde clama por llegar al fondo, para no seguir cayendo.

Una vez en el fondo, comenzará sola, primero a escalar poco a poco para volver a ver el sol, y después, caminar para dibujarse un nuevo destino.

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