Laberinto de Sombras

No sé si anduve por la vida dando tumbos, o nunca tracé un plan. Pero es difícil llegar a un lugar donde todo se derrumba y no saber donde me encuentro parada.

De repente estoy detenida en el laberinto de sombras, en el cual sus paredes están formadas por fotos sepia del pasado que acuden a enfrentarse a la realidad.

Ayer mi madre se enfermó, y a mí me tocó ir a una guardia con ella. Esperando ser atendida puso su cabeza sobre mi pecho. Todos los amargos recuerdos de la infancia no coincidían con lo que estaba pasando, años y años esperando una expresión de afecto de ella, que llega en el momento en que se siente morir. Luego cuando estaba en una camilla, me sorprendió que quería mi presencia. En ese momento me pregunté ¿era aferrarse a la vida intentar tender ese puente de amor, el cual durante toda la vida tendí y se dedicó a dinamitar? ¿Por qué ahora cuando entendí que mi destino era dar amor, pero jamás recibirlo?

Esa bella mujer que recuerdo de mi infancia, arrogante y con tanta maldad que era el sueño de la villana de cualquier escritor, se había transformado en una anciana perdida, de la cual ni siquiera quedaba un mínimo rasgo de su belleza ni de su altanería, y ví a la muerte danzar alrededor de ella.

Hoy salí de mi casa, y encontré un anciano parado en la vereda con cara de terror. Me paré y le pregunté ¿se siente bien? y me contestó: -tengo insuficiencia cardíaca, necesito descansar porque no puedo más- ¿quiere que lo acompañe a su casa?, le contesté… y el orgullo pudo más y me dijo: -no es necesario, puedo ir solo- y emprendió el camino, caminando como podía, pero todavía con fortaleza para enfrentar a la muerte.

Me pregunto por qué la muerte me está mostrando que está alrededor, y que cuando quiera puede simplemente robar a quien quiera.

No quiero seguir en este laberinto de sombras, estoy desesperada por salir, pero no encuentro la salida. Quizá la esperanza sea la puerta que deba encontrar.

 

Anuncios