Desplazando al corazón

Nada hacía sospechar que una vez más, se desilusionaría.
Llegó al lugar indicado, vestida con flores y oliendo a jazmines para entregar su corazón a destino.
Primero intentó simular que algún inconveniente había ocurrido, luego empezó a pensar que la tristeza de un “me olvidé de vos” venía corriendo a destino.
Buscó infructuosamente un cigarrillo en su cartera, cuando de repente recordó que hacía quince años había abandonado el vicio. Esa sensación de tener ganas de correr sin saber adonde, le era conocida desde que él se apareció en su vida.
Caminó sin rumbo, el amanecer la encontró dando vueltas en círculos en su cabeza, buscando la mejor salida.
Finalmente usó su último recurso, desplazó a su corazón de las decisiones, y definitivamente se las dejó a su cabeza. El ya no la lastimaría ni con sus desplantes ni con sus palabras y mucho menos con sus ausencias.
¿Sabrá él que su cómodo asiento dentro del corazón de ella fue echado al vacío? Lo dudo, por ahora sigue confiado en instalarse cuando lo decida, pero ese día se va a dar cuenta que ese corazón está herméticamente cerrado, y que ya no tiene ninguna posibilidad de volver a robar la llave.
Mientras que los jazmines se marchitan, ella intentará volver a vivir.

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