Sobre la sacralidad del lecho matrimonial

Después del divorcio, uno se va despojando de ciertas cosas que cuando las deja en el camino, se da cuenta de que jamás debería haberlas cargado.

Hay mujeres que cuando están casadas frente a la imposibilidad del esposo de tener una buena relación sexual, ya sea por cuestiones de salud o de otro tipo terminan haciéndose cargo de una realidad inexistente, se autojubilan del sexo, creyéndose que ya son viejas y que el placer ya no es cosa para ellas, esas mujeres luego de divorciarse o enviudar tienen que hacer un cambio radical en sus vidas, para poder verse nuevamente en el espejo y descubrir lo que le devuelve realmente, darse cuenta de que no son viejas y que aún la piel siente, vive y vibra.

Otra de las mochilas del matrimonio, es la sacralidad del lecho, hasta que no aparezca alguien que te haga mujer en el mismo lugar en el que tenías sexo con tu marido, no te vas a poder despojar de todos los pesos que llevás en la espalda.

Cuando eso sucede, es porque una pasión te está sonriendo, la que permite que realices acciones titánicas, que aunque parezcan mentira que lo sea poner a otro hombre en tu cama, esa en la que lloraste tantas veces en los últimos tiempos, es una tarea que cuesta alcanzar, pero que a partir de ahí, vas a saber que donde se llora, también se llena de ayes de amores.

Una piensa que la cama matrimonial es un lugar sagrado, luego que rompe con la consigna, se da cuenta que ese lugar fue hecho para dormir y amar, para llorar hay otros lugares mucho más comunes, que se llevan las lágrimas donde las olvidamos, en el lecho, jamás se olvidan.

Tu cama, sea la de matrimonio o la de soltera, es un lugar para descansar y que nos amen; por ese motivo siempre tiene que tener un espacio para dos. Si uno de los lugares queda vacante, alguien lo tiene que ocupar, y de preferencia quien se lleva nuestro último pensamiento de la noche, y el primero de la mañana.

Gracias.

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