20 de julio, 40 años desde que el hombre pisó la luna

Aún recuerdo ese día, mi papá nos sacó de la cama a mi hermano y a mi, y en el living nos sentamos los cuatro (mi mamá ya estaba esperándonos) frente al televisor, para asistir algo maravilloso por los ’60, “El Hombre Llegó a la Luna”.
Hasta ese momento con mis seis años, la luna era quien influía en las mareas y la iluminación óptima para un romance, pero en tiempos que no había internet, ni siquiera computadoras personales, que la televisión por cable ni se suponía que existiría alguna vez, y que los únicos que hablaban por teléfono fuera de un edificio eran “El Detective Millonario” desde su auto y Maxwell Smart desde su zapatófono, ver en ese inmenso televisor blanco y negro pisar la luna, era algo que sólo se suponía se podía ver en una película de Ed Wood en Sábados de Super Acción, por Canal 11 un aburrido sábado a la tarde.
Pero la realidad superó la ficción, y ahí estaban “Armstrong, Aldrin y Collins”, transformándose en los héroes del nuevo mundo.

El 20 de julio de 1969 aterrizaba en el Mar de la Tranquilidad el módulo lunar de la misión Apolo 11. Tres hombres comandaban la expedición: Neil Armstrong (comandante) y Edwin Eugene Buzz Aldrin y  se disponían a poner pie en la Luna mientras Michael Collins piloteaba la Apolo 11.

Imagino que después de llegar a la luna, todo se debe ver extraño y pequeño. La vida de estos tres héroes fue muy diferente, y quien sufrió mucho fue Aldrin quien fue víctima de la adicción al alcohol.

Buzz Aldrin, el piloto del módulo lunar, acaba de publicar un libro, “Magnífica desolación” (Magnificent Desolation), en el que hace una descripción del paisaje lunar que vio cuando bajó por la escalerilla, detrás de Armstrong.
El libro habla de su vida tras la aventura lunar y de sus batallas contra la depresión y el alcoholismo.
Dice que no fue fácil “seguir adelante” después de la hazaña lunar. “Uno no sabe bien qué es lo que debería estar haciendo”.
Ahora, a los 79 años, vive en Los Angeles pero viaja mucho con su esposa Lois.
Luce en estupendo estado físico. En el 2002 le dio un puñetazo en la cara a un individuo mucho más grande y más joven, que lo molestaba y le insistía que jurase sobre la Biblia que había caminado en la Luna. (Hay gente que dice que la caminata fue un montaje y que se hizo en el desierto de Nevada). Sus amigos astronautas todavía se ríen de ese episodio.
Aldrin, el único de los tres con un doctorado, dejó la NASA en 1971 y regresó a la Fuerza Aérea. Escribió varios libros, incluidas obras de ficción sobre temas espaciales.

Michael Collins, quien operó el módulo que orbitaba la Luna, escribió varios libros sobre el espacio, incluido “Carrying the Fire”, de 1974, considerado uno de los mejores libros de su tipo jamás escritos. No sorprende, dadas la elocuencia e inteligencia de Collins.
Igual que Armstrong, Collins, de 78 años, evita el candelero. Pero con motivo del aniversario distribuyó varias preguntas que le hacen con frecuencia, junto con las respuestas.
“¿Tenía el mejor asiento en la Apolo 11?”. Respuesta: “No”.
“¿Estaba satisfecho con su asiento?”. “Sí. Sin duda. Fue un honor”.
No se considera ni un héroe ni una celebridad, y dice que con los años se pone cada vez más gruñón.
“Hay muchos héroes y hay que admirarlos como tales, pero no creo que podamos contar a los astronautas entre ellos”, afirmó. “Trabajamos duro y cumplimos nuestra misión casi a la perfección, pero para eso nos contrataron”.
Dice que ha sido un hombre con mucha suerte.
“Generalmente, uno es demasiado joven o demasiado viejo para hacer lo que realmente quiere hacer, pero noten esto: Neil Armstrong nació en 1930, Buzz Aldrin en 1930 y Mike Collins en 1930. Nacimos en el momento justo. Sobrevivimos a carreras peligrosas y tuvimos éxito en ellas. Al menos en mi caso, hubo un 10% de planificación y un 90% de pura suerte. En mi lápida escriban ‘SUERTUDO'”.
¿Tiene alguna revelación importante que hacer? “Sí, un montón, pero me las guardo para el 50mo” aniversario.
Collins se fue de la NASA en 1970 y fue el primer director del Museo Nacional de la Aeronáutica y el Espacio del Instituto Smithsoniano de Washington. Reparte su tiempo entre Boston y la Florida.

Neil Armstrong, comandante de la nave, hace una vida tranquila, lejos de las luces, en su estado de Ohio.
No busca publicidad. De vez en cuando habla en actos públicos y es un orador sensato, extremadamente modesto.
“Sé que dicen que soy alguien que le escapa al candelero, pero desde mi perspectiva, no es así”, declaró en el 2001 en una entrevista para un proyecto de la NASA. “Aunque debo admitir que, desde otra perspectiva, ajena a mí, solo puedo aceptar menos del 1% de los pedidos que me hacen, de modo que esa gente piensa que no hago nada. Es algo que no puedo cambiar”.
Agregó: “En realidad, fuimos muy privilegiados de haber vivido en esa parcela de la historia en que cambiamos la imagen que el hombre tiene de sí mismo, de lo que podía ser y hacia dónde podía ir. Me siento agradecido de que hayamos podido ser parte de eso”.
El 5 de agosto cumplirá 79 años. Se fue de la NASA en 1971 y regresó a Ohio, donde sigue viviendo, cerca de Cincinnati. Fue profesor de ingeniería en la Universidad de Cincinnati y luego se dedicó a los negocios.

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